La presentación del más reciente libro de Francisco Muñoz Guerrero provocó la conjunción de dos grandes firmas de las letras sanroqueñas, que por su peso específico desbordan ampliamente los límites locales: el propio autor y el encargado de introducir su obra, José-Reyes Fernández. Despertaba interés conocer la adaptación del novelista a las exigencias de la narración breve, que no en vano Francisco Muñoz debutaba en la modalidad de libro de relatos, y bien podemos decir que la experiencia ha resultado exitosa. El lingüista ha sabido acomodar su dominio del lenguaje a una armadura narrativa donde lo conceptual, lo filosófico y hasta lo mistérico se aúnan para entregarle al lector una experiencia magnética, serena, reconfortante, sin prescindir de acentos críticos. La nota desasosegante de la tarde la puso ese decremento en la presencia de público que, cada vez con menos excepciones, venimos registrando en el Ateneo cuando se presentan libros. Creemos que nuestra Comarca, tras el auge de la autoedición, registra una saturación de ofertas, no siempre remuneradoras para el lector, y nos planteamos espaciar más este tipo de actos o prescindir directamente de ellos, salvo ocasiones muy especiales. Pero eso está aún por decidir. De momento nos quedamos con la oportunidad de haber accedido a una publicación de las que justifican a ultranza el interés por la lectura. De conducir el acto se encargó Ignacio Herranz y, una vez más, tenemos que agradecer la instalación de un punto de venta de los libros por parte de la librería Ares, con Gloria a los mandos.